En ese momento, Simón levantó su lanza de repente, señalando directo hacia el cielo. Una fuerza invisible emanó de él. De inmediato y en lo alto del firmamento, se formó una nube negra de cien metros de diámetro, convirtiéndose al instante en un enorme remolino que comenzó a girar lentamente amenazando tragarse todo.
—Esto no es algo con lo que puedas vencerme.
Simón exclamó, y una aterradora presión espiritual se extendió rápidamente desde su cuerpo.
Froilán frunció el ceño, sintiendo una emoc