Simón, al escuchar, se dio cuenta claramente de que Venerando ya estaba convertido por completo en un adicto severo.
Una persona así no tenía ningún límite moral, ni siquiera humanidad. Cualquiera que se acercara a él, tendría muchísimos problemas. Los días difíciles para Amparo estaban apenas comenzando.
Después de reflexionar por un momento, Simón dijo con precaución: —Parece que no debería haber dejado ir a Venerando.
—¿Y qué más podíamos hacer? — Amparo negó con la cabeza y dijo: —Simón, me