Silvano y Ubaldo ya se habían posicionado a ambos lados del patio, vigilando sigilosamente a todos los presentes.
—¿Cuál es su elección? — gritó Ubaldo, conjurando dos largas espadas en sus manos, que emanaban energía espiritual. La presión del Dominio Sagrado envolvía por completo a todos, dejando claro que estaba listo para desatar un baño de sangre en cualquier momento.
Al ver esto, Ladislao exclamó con indignación: —Ubaldo, tú que eres de Andalucía Dorada, y un poderoso Dominio Sagrado, ¿cóm