Cada persona tiene su propio destino.
En ese momento, la chica rompió el silencio y preguntó muy ansiosa: —¿Cómo debo llamarlo, hermano mayor?
—Me llamo Simón Palacios.
—Entonces, hermano Simón.
La sala volvió de nuevo a sumirse en el silencio.
Después de un largo rato, Fabiola, sentada con la espalda recta y la cabeza baja, comenzó a hablar pausadamente: —Yo escapé de las montañas.
—¿Escapaste? — preguntó Simón, algo intrigado.
Fabiola sonrió de repente y dijo: —Sí, puedo ver que usted es una