Simón echó un ligero vistazo al vicepresidente.
Frunció ligeramente el ceño y dijo: —No apuntes esa porquería hacia mí, ten mucho cuidado de no herirte a ti misma.
—En realidad, te estás buscando la muerte, — la bella vicepresidenta cargó su pistola y la apuntó directamente a la sien de Simón.
Matías se levantó al instante de su asiento.
Justo en ese momento, alguien gritó: —¡El señor presidente ha llegado!
El general Vélez frunció con rabia el ceño y agitó la mano diciendo: —Guarda esa pistola.