Pero al siguiente instante, ya no pudo reír.
Simón en el aire, se retorció de manera inimaginable, como si no tuviera huesos en su cuerpo.
Tres balas pasaron velozmente rozándolo de nuevo.
El francotirador se quedó pasmado por haber fallado, pero en ese momento, Simón ya había aterrizado en la en la amplia azotea y se dirigía hacia él lentamente.
El francotirador retrocedía paso a paso con su rifle en mano.
Simón se acercaba paso a paso, con rostro inexpresivo.
El francotirador, por el miedo, ya