Herculano lentamente levantó su brazo izquierdo y observó la cicatriz blanca que apareció en él, murmurando en voz baja: —Muy impresionante.
Simón, por otro lado, frunció ferozmente el ceño.
Su espada eléctrica tenía una propiedad de penetración de armadura impresionante, y su propia fuerza ya era bastante aterradora.
Si no podía romper la defensa de Herculano, este hombre debía ser demasiado poderoso.
Al reflexionar un poco más, Simón comprendió en ese momento que Herculano había practicado d