Al instante, la tormenta roja alcanzó de nuevo a Simón, envolviéndolo por completo en un abrir y cerrar de ojos. En ese preciso momento, los guantes de luz que Simón llevaba en las manos comenzaron a apagarse, y su cuerpo ya había llegado a su límite total; no podía absorber más energía.
Al ver esto, una sonrisa aterradora se dibujó en los ojos de Zosimo, quien dijo con desprecio: —Parece que el heredero del hijo de la luz no es más que simplemente esto.
Sin embargo, en el instante en que Zosimo