—¡Pah!
En el momento en que la espada de rayos y la larga espada de Zosimo hicieron contacto, la primera se rompió en mil pedazos, convirtiéndose en pequeños fragmentos brillantes. Simón, con rapidez y una gran destreza, atrapó la larga espada de Zosimo con ambas manos, y al instante, la energía contenida en el filo de la espada fue absorbida por completo por los guantes luminosos que llevaba puestos.
—¡Maldito!
Zosimo, furioso, presionó hacia abajo con fuerza, intentando, con toda su potencia,