Simón se sumergió en el silencio por un instante, su mirada se inquietó por un instante y con un tono frio anuncio: —Eres tú quien me ha obligado a esto. Si es así, entonces prepárate para morir.
El gran árbol dejó escapar una sonrisa desagradable y resonante mientras movía sus enormes ramas y las dirigía como enormes látigos directo hacia el dragón blanco. Al mismo tiempo, Simón, sosteniendo una vasija de dragón, se impulsó en el aire y, en el instante en que su cuerpo hizo contacto con el drag