—¡Espera, un momento!
Simón estaba a punto de irse cuando, de repente, una voz profunda y grave resonó desde el interior. Se dio vuelta y vio en ese instante a un hombre de rostro gordo y orejas prominentes salir de una de las habitaciones. Su mirada hacia Simón estaba llena de desprecio, como si no lo tomara en cuenta para nada. Dijo con un tono burlón: —¿Este eres tú, el descendiente de los trabajadores de Andalucía Dorada? Quieres que te alquile una habitación de primera clase, ¿verdad?
—Así