Al salir del hotel, Simón no pudo evitar imaginar cómo se verían los ocho comensales disfrutando de su comida, calmados y tranquilos, como si nada estuviera ocurriendo. Un sentimiento de frustración y risa nerviosa lo invadió por completo. Mirela estaba a punto de enfrentar una gran catástrofe, y ellos tan tranquilos, en lugar de preocuparse, seguían tan indiferentes como siempre, incluso habiendo pedido su comida con anticipación y esperando que él llegara para pagar.
Caminando por la calle, Si