Estas dos piezas de jade emanaban una energía fría e intensa, algo que no era típico de los jades enterrados bajo tierra. Por ello, Simón concluyó con certeza que ambas provenían del fondo del mar.
Era evidente que Dragón Marino las había recuperado de un barco hundido. La ausencia del olor a agua salada solo podía explicarse por la meticulosidad de Dragón Marino, quien tal vez dejó reposar las piezas por más de un mes antes de ponerlas a la venta en el mercado.
Con base en estas meticulosas obs