Sin embargo, Asier jamás imaginó que Julen aparecería en ese preciso momento para arrebatarle de manera descarada el negocio, y mucho menos que sería tan directo y sin reserva alguna en sus palabras, faltándole al respeto de manera evidente. Ambos eran parte del mismo sector de antigüedades, y la actitud de Julen hacía que Asier se sintiera profundamente incómodo.
Con la expresión sombría, Asier fijó su mirada en Julen y le dijo con un tono seco:
—Julen, todos aquí somos comerciantes. Que descal