Cuando Simón levantó la vista, observó con agrado cómo la niebla comenzaba a disiparse de nuevo. Era como si, al perder una fuerza invisible que la mantenía confinada durante siglos, la niebla del Valle de los Sueños Perdidos finalmente lograra escapar de su terrible prisión, fluyendo hacia fuera del valle a gran velocidad.
Siguiendo el rastro energético, Simón llegó justo al lugar donde se encontraba el tercer núcleo del círculo mágico, el último que quedaba. Si lograba destruirlo, el círculo c