Emeterio pateó a Aquilino y lo tiró al suelo, gruñendo:
—No hace falta que me lo digas, yo me encargaré de esto. Ya que estoy en Valivaria, este asunto lo resolveré personalmente. Te doy tres horas, consigue la información detallada de esa persona y tráemela, o te mato.
—Sí, sí, lo haré...
—Emeterio, tranquilo, lo haré, te lo prometo.
Aquilino, apresurado, mandó a alguien al lugar de la subasta para preguntar. Finalmente, descubrió que la persona que había estado sentada justo al lado de