—¿Ah, sí?
Simón soltó una risa despiadada, retrocediendo con rapidez. Luego, movió su mano derecha, haciendo aparecer una espada de rayos. Iñigo avanzó a paso agigantado hacia él, gritando: —¡Simón, ya no tienes escapatoria! ¡Prepárate para morir!
Iñigo extendió de nuevo ambas manos, y en un abrir y cerrar de ojos, sus brazos crecieron a una velocidad increíble, dirigiéndose hacia Simón con la única intención de estrangularlo. Simón, con un movimiento ágil, blandió su espada de rayos, cortand