—Eso es imposible. No quiero que él me controle. Solo pensar en esa mirada excitada me da náuseas al recordar.
—Tranquilo entonces, ya hemos cambiado de apariencia. Iñigo seguro no nos reconocerá.
...
El grupo pasó toda la noche esperando en la camioneta. A la mañana siguiente, las puertas de la base finalmente se abrieron. Al ver a Iñigo acercándose, Salomón sacó perezoso la cabeza por la ventana y dijo: —Buenos días, señor Iñigo.
—Gracias por su esfuerzo, adelante, entren.
El grupo bajó del ve