Mathew había llegado al pueblo minutos antes de que todos supieran de la desaparición de los niños, donde compró helados para Leo y Fiore. Los niños, inocentes y confiados, disfrutaban del dulce regalo, ajenos a las verdaderas intenciones de Mathew. Mientras los niños lamían los helados, la puerta de la camioneta se abrió de golpe, y Cassandra subió rápidamente al asiento del copiloto, su rostro era sombrío y severo.
Leo y Fiore se miraron entre sí, sus sonrisas se desvanecieron cuando sintiero