Epílogo. (Segunda parte)
Liam, que estaba en la cocina preparando un desayuno, dejó caer la sartén al suelo y salió corriendo hacia ella.
—¡Oh, Dios! ¡Es hora! ¡Ahora sí es hora! —exclamó, comenzando de nuevo su rutina de pánico, pero esta vez con una mezcla de emoción y nerviosismo.
—Sí, pero ten calma, esto demora —avisó Aiden con una sonrisa cansada.
—¿Qué ocurre? —preguntó Evelyn, había llegado días antes para ayudarlos con los niños y la bebé.
—Aiden ya va a dar a luz —avisó Liam agitado.
—Hombres —murmuró Evelyn