No dormí. Otra vez.
Yacía en la cama de Silas, a oscuras, mirando al techo y dándole vueltas a los hechos como si fueran piedras, para ver qué se escondía bajo uno de ellos.
Harren. Se había ido.
Marcus Moore. Se había ido con él.
Entre los dos, tenían suficiente información sobre el Aliento Lunar, sobre mí y sobre las debilidades de esta manada, como para causar un gran daño dondequiera que hubieran aterrizado. Y tenían ventaja. Y nadie sabía adónde habían ido.
Y yo estaba aquí. Embarazada, aú