La puerta de la cabina se cerró detrás de nosotras con un clic suave.
Olívia soltó la mochila en el primer sofá que vio como si estuviera en casa. O como si estuviera invadiendo territorio enemigo con la confianza de quien ganaría cualquier conflicto.
Yo, por otro lado, me quedé parada por medio segundo, intentando entender si acababa de entrar a una cabina… o a un apartamento.
Porque, sí: era una cabina. Una cabina familiar, como solicitado por el señor Novak. Una cabina. Mi cerebro se había e