El vestíbulo de entrada de la mansión Bellucci nos recibió con su lujo silencioso, el piso de mármol reflejando nuestras figuras como espejos discretos. Christian mantenía la mano en mi espalda, un gesto de apoyo que se había vuelto casi instintivo durante las últimas horas.
—Virosis —comentó, repitiendo el diagnóstico del Dr. Mendes como si aún estuviera procesando la información—. Al menos ahora sabemos qué está causando las náuseas.
—Todo siempre es una virosis —respondí con una sonrisa déb