Los dos hombres se miraron fijamente por un momento que pareció extenderse infinitamente. Me di cuenta entonces de que estaba conteniendo la respiración, mis dedos agarrando la barandilla de la escalera con fuerza innecesaria.
Finalmente, una sonrisa lenta y calculada se extendió por el rostro de Antonio.
—Cristalino. —Retrocedió medio paso, concediendo el espacio, pero no la derrota—. Solo me pregunto si Giuseppe comparte esta... reordenación de prioridades.
—¿Por qué no me preguntan directa