La posibilidad flotó en el aire, casi tangible. Las palabras de Anne reverberaban en mi mente como un eco imposible de ignorar. ¿Romper el contrato? ¿Transformar nuestra farsa en realidad? Era algo que ni siquiera me permitía considerar, por miedo a perderme en falsas esperanzas.
Una vez más, las palabras de Elise volvieron para atormentarme: "Nadie nunca va a elegir a alguien como tú." Un hombre como Christian Bellucci —rico, sofisticado, heredero de un imperio vinícola— ¿elegiría voluntariame