El sol italiano ya estaba alto cuando abrí los ojos, rayos dorados atravesando las cortinas entreabiertas. Mi mano instintivamente tanteó el otro lado de la cama, encontrando solo la sábana fría. Christian se había ido.
En la mesita de noche, un pedazo de papel elegantemente doblado llamó mi atención. Reconocí inmediatamente la caligrafía precisa de Christian:
"Tuve que resolver algunos asuntos en la vinícola. Vuelvo para el almuerzo. Siéntete libre de explorar la propiedad. Lucia estará a dis