Los pasillos de piedra parecían infinitos mientras Christian me guiaba a través de una parte de la propiedad que no conocía. Con cada paso, el aire se volvía más fresco, el silencio más denso. Mi respiración había vuelto a la normalidad, aunque las lágrimas secas aún dejaban marcas en mi rostro.
—¿A dónde vamos? —pregunté finalmente, mi voz resonando ligeramente en las paredes de piedra.
—A mi lugar favorito en toda la propiedad —respondió, sin soltar mi mano.
Bajamos por una escalinata circu