~ MAITÊ ~
Los días siguientes se transformaron en una secuencia de momentos que parecían sacados directamente de una película romántica de Hollywood. Vinos carísimos que ni sabía que existían, sexo que me dejaba sin aliento y paisajes tan paradisíacos que a veces tenía que pellizcarme para asegurarme de que no estaba soñando.
Si mi plan original era olvidar a Dominic sentada en el sofá de casa con un balde de helado y una sesión maratónica de películas dramáticas, Apolo estaba haciendo ese trabajo de forma infinitamente superior. Mi gigoló particular, como él mismo había bromeado, se estaba mostrando devastadoramente eficaz en su función.
Pasábamos mañanas enteras en la cama, entrelazados entre sábanas de algodón egipcio, explorando cada centímetro uno del otro como si tuviéramos todo el tiempo del mundo. Apolo tenía una forma de tocarme que hacía que todo mi cuerpo despertara, como si cada terminación nerviosa hubiera sido creada específicamente para responder a sus dedos, a su boc