Mis pies me llevaron instintivamente lejos de la terraza, lejos de las miradas incómodas y del silencio mortal que había seguido al comentario venenoso de Alessandra. Encontré una escalera lateral en la parte trasera de la mansión que llevaba al jardín, un rinconcito discreto lejos del ruido y de la gente. Me senté en el escalón de mármol frío, sintiendo cómo la piedra helada contrastaba con el calor de la humillación que aún quemaba mi rostro.
Las lágrimas amenazaron con salir, pero las contuv