El baño era tan lujoso como el resto de la suite. Una bañera enorme ocupaba una esquina, la ducha era lo suficientemente grande como para albergar a una familia entera, y los productos de baño alineados en el mostrador parecían venir directamente de un spa cinco estrellas.
Me di una ducha rápida, dejando que el agua se llevara parte de la tensión acumulada. Cuando salí, me vestí con cuidado: una falda midi elegante y una blusa liviana, casual pero lo suficientemente sofisticada para un almuerzo