Maestro de piano.
cuando llego hasta allí abro la puerta sin tocar y Phill está saliendo de la ducha con una toalla envuelta en su cintura y enseguida voy y me cuelgo de su cuello y beso sus mejilla varias veces, entonces pongo mi cara en su pecho muy conmovida.
—Gracias—susurro con una lágrima que empieza a recorrer mi mejilla sonrojada.
—Veo que ya viste el piano—me dice.
—Y también la rosa, fuiste muy amable Phill, nunca nadie había hecho algo así por mi.
—Solo quiero evitar que te metas en problemas—dice.