Capítulo 8 – Voces que hieren

Milena permaneció algún tiempo al lado de la cama del padre, observando el subir y bajar lento del pecho bajo las sábanas blancas. El monitor pitaba a ritmo constante, casi reconfortante. Álvaro dormía, pálido, pero estable. Aquello bastaba por el momento.

Ella sostuvo la mano de él con cuidado, como si pudiera romperlo si apretaba demasiado.

— Va a estar todo bien… — murmuró, más para sí misma que para él.

El médico había explicado que las próximas horas serían de observación. Nada alarm
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