Milena permaneció algún tiempo al lado de la cama del padre, observando el subir y bajar lento del pecho bajo las sábanas blancas. El monitor pitaba a ritmo constante, casi reconfortante. Álvaro dormía, pálido, pero estable. Aquello bastaba por el momento.
Ella sostuvo la mano de él con cuidado, como si pudiera romperlo si apretaba demasiado.
— Va a estar todo bien… — murmuró, más para sí misma que para él.
El médico había explicado que las próximas horas serían de observación. Nada alarm