*Elizabeth*
Llore una eternidad en los brazos de mi padre, el cual solo me sostuvo hasta que termine de desahogarme, al final solo me sonrió con ternura y me mandó a casa, no puse mucha objeción, estaba exhausta y molesta era evidente, tanto que al llegar al departamento la Sra. Nita inmediatamente al verme se preocupó, claro que negué todo, pero aun así no pude evitar sus atenciones, la dulce señora me preparo un té para serenarme, para cuando ella tuvo que retirarse ya me encontraba más calma