—¡Mierda!—logro decir Gil. Las luces de su auto iluminaban, desgraciadamente un cuerpo, al parecer inmóvil. Su excitación, bajo a cero, al igual que su presión arterial.
Samantha se levantó de su sitio, se había llevado un golpe en la cabeza gracias a ese inesperado frenado y mientras se levantaba, pensaba en el mejor insulto para reclamar su estupidez, pero al verlo, su expresión era total y absoluta perplejidad, así que dirigió su vista hacia lo que él observaba y al igual que Gil, su rostro