Cuando la luz del día la hizo abrir los ojos, ¡Le dolía el cuerpo por la mala posición en la que había dormido, el cuello la estaba matando y la espalda iba a partírsele en dos! Le hubiera echado la culpa a Waylon y a su descuido por no haber tenido la delicadeza de contestarle, pero ella sabía muy en su interior que él no era el culpable. Quizás sí era la causa, pero la culpable era ella, por esperar un mínimo de buen trato y caballerosidad después de casi habérsela “comido” en la fiesta.
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