Cuando llegaron a casa Walter los recibió con los brazos abiertos. Se acercó a Teo con mucho cariño para hacerlo sentir como en su casa. A Walter le tocaba profundamente el corazón la historia de vida del niño, porque, de alguna forma, le recordaba la suya propia.
Cuando era niño no era heredero de un emporio, ni tampoco alguien con un futuro prometedor, al contrario, fue un chicuelo sin padres al que le tocó luchar mucho en la vida para surgir, y ver ahora a Teodoro luchando junto a su hermana