Mundo ficciónIniciar sesiónNATHANIEL STORM
¡Estás que ardes, señor Storm!
Ignoré ese grito, mientras mis manos desesperadas desataban las cuerdas que ataban a Sarah, como si estar rodeada de fuego no fuera suficiente castigo. Al no lograr aflojarlas, me quité la chaqueta de un tirón y usé el fuego que la consumía para quemar los hilos de la cuerda.
Segundos después, mientras todo mi cuerpo ignoraba el dolor y el calor, Sara







