Dalila
Era como si todo ese recuerdo me viniera de repente. Ernest y yo besándonos, tal cual sucedía ahora. Pero yo no podía pensar en eso en este momento, tenía que alejarme de aquí, pues estaba convencida de que corría peligro. Sin contar que la situación me asqueaba.
—¡Suéltame! ¿Cómo se te ocurre tocarme? — gritó desesperada y lo empujó.
Él se viene hacia mí y yo me defiendo prácticamente con uñas y manos, entramos en un forcejeo, en el que yo voy directamente a su cara y rasguño su mejill