Mundo ficciónIniciar sesiónElías guardó silencio. No ofreció palabras vacías de lástima; en su lugar, me rodeó con ambos brazos y besó la coronilla de mi cabeza con una ternura infinita. Entendí, por la forma en que me sostenía, que ambos éramos dos almas solitarias que habían sobrevivido a tragedias diferentes, pero que compartíamos la misma cicatriz del abandono.
El calor de nuestros cuerp







