El dolor de cabeza me estaba matando. Cuatro horas leyendo expedientes universitarios de chicas de hace cuatro años habían convertido mis ojos en arena. Aunque había hecho la lista de las “posibles”, ninguna parecía encajar del todo. Necesitaba un descanso y avanzar más allá de la mitad de la lista, apenas llevaba doce chicas y esto estaba tomando más tiempo del que quería.
También, necesitaba ver a Matías. Y si era honesto conmigo mismo, necesitaba ver a Mariana, aunque solo fuera desde la pue