El vuelo duró tres horas y media. Elizabeth las pasó con la frente apoyada en la ventanilla y los ojos en las nubes, estaba cansada pero también muy triste por tener que irse a si sin despedirse.
Cuando el avión aterrizó en Owensboro y las luces del tablero se encendieron y la gente empezó a levantarse con la prisa de siempre, Elizabeth se quedó sentada un momento más.
Respiró. Una vez. Luego recogió su bolso y salió.
Ana, Virginia y Salma estaban esperando en la entrada, las vio antes de que