CAPITULO 56

Jonathan la atrajo despacio. Sin brusquedad. Sin apuro. Con esa manera suya de hacer las cosas que era siempre la misma, calculada y al mismo tiempo completamente inevitable, como si el movimiento fuera solo la consecuencia de una decisión que ya estaba tomada desde antes.

Elizabeth cerró los ojos. Y se dejó llevar.

Que era algo que Elizabeth no hacía fácilmente. Que era algo que había aprendido a no hacer en todos esos años de ocupar el menor espacio posible, de no pedir demasiado, de conforma
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