Capítulo 22. Dio Greco.
La cena, maravillosa. La compañía, espectacular. La vista, magnífica. La noche, mágica.
Me había divertido como nunca antes, jamás me imaginé que una primera cita podría ser tan especial. Entre risas y risas las horas habían pasado volando y no me había dado cuenta. No estoy muy segura en qué momento me dormí, lo único de lo que sí estoy muy consciente es de la fragancia tan masculina que llegaba a mis fosas nasales e invadía todo mi sistema respiratorio.
Cuando intenté moverme me di cuenta q