Dejo el orgullo atrás, por un instante y me perdí.
Amelia
El aire es pesado. La temperatura aumenta gradualmente a medida que las palpitaciones en mi centro se vuelven aún más incontrolables. Nuestras miradas se mantienen fijas, la una en la otra, una guerra de voluntades, de pensamientos, de un deseo silencioso que brota por nuestros poros: incontenible, intenso, peligroso.
—¿Quieres algo de tomar? —pregunta y rompe el silencio al tiempo que se oyen toques en la puerta—, ¡adelante! —ordena en