De tu mano, cuelga mi esperanza
Anastasia
Como si hubieran pasado semanas y no solo unas cuantas horas, me refugio en los brazos de Gabriel, sintiendo que mientras este a su lado, envuelta por su calor, nada puede hacerme caer de rodillas. Pero sé bien que solo es una ilusión y mi realidad es mucho más aterradora, porque al verlo aquí, saber que hizo sus responsabilidades a un lado por brindarme su apoyo en este momento, hizo que tomara una decisión irreversible. Dolorosamente irreversible.
No pienso arrastrarlo conmigo a la vergüenza de tener que compartir su vida conmigo y un pasado lleno de horrores. Si el detective dice que soy culpable, terminaré con nuestra relación, lo dejaré libre para que busque en alguien más la paz y la libertad que yo jamás podré brindarle.
—Creo que deberíamos de tomar asiento y escuchar al señor King —sugiere Amelia recordándonos a Gabriel y a mí el motivo por el cual estamos en esta sala.
Tomamos asiento, Gabriel y yo en las sillas frente al escritorio,