La vida a veces nos da segundas oportunidades.
Freya
Me estiro sintiendo que la espalda me duele. Tengo calor y la posición incómoda provoca que todo mi cuerpo se queje al moverme. Entreabro los ojos y me doy cuenta de que estoy en el salón, peo tardo un par de segundos en procesar por qué estoy aquí y no en mi cama. Entonces lo recuerdo todo, Gabriel, Sebastián, mi hijo. Abro los ojos de golpe al tiempo que la voz adormecida de Max me eriza la piel.
—¿Quién es ese señor mami? —Giro la cabeza en dirección de mi hijo y lo veo mirando fijamente al hombre debajo de mí.
Nos quedamos dormidos en el sofá, uno de los brazos de Gabriel aún me rodea por la cintura de modo posesivo. Me incorporo bruscamente haciendo que Gabriel se despierte asustado y se paralice al ver a mi hijo de pie delante de él.
—¿Qué haces despierto a esta hora? —pregunto con la mente en blanco, pero entonces me fijo en la luz del sol que entra por las ventanas.
¡Maldición! Es de día, no me di cuenta de cuando nos quedam