Dime que nada es cierto
Gabriel
Trago saliva cuando la pantalla de mi portátil se enciende. Con mano temblorosa coloco la memoria USB en el puerto de entrada y espero a que la computadora lo reconozca. Cuando lo hace, entro en la carpeta de dispositivos, abro la memoria y solo veo un archivo con el nombre de Anastasia en letras mayúsculas. Tomo una bocanada de aire antes de colocar la flechita del puntero sobre la carpeta y darle a la tecla de enter.
El sonido del teclado se mezcla con el timbr