Mi propio espacio para crecer
Anastasia
Luego de abrir los lindos obsequios, que todavía estoy pensando en si es correcto o no recibir, porque se ven demasiado costosos y jamás en la vida podría devolverles algo parecido, estamos en mitad del desayuno. Mantenemos una conversación agradable en la cual evitamos tocar ciertos puntos sobre mi estadía en el centro de salud mental, porque aunque muy listo y maduro, Max sigue siendo un niño que no debe de involucrarse en temas de adultos.
Antes me daba igual y hasta lo usaba como un medio de manipulación. Le hice pasar por tantas cosas, que ni yo misma no puedo considerarme una buena madre. No merezco que mi hijo me quiera, pero agradezco tanto que su inocencia le hiciera olvidar esa vida que vivió conmigo. Esto es lo mejor que nos pudo pasar a ambos.
—¿Y ya tienes planificadas las actividades que quieres hacer estos durante estos días? —pregunta Amelia con curiosidad.
La verdad no he pensado en eso, supongo que todo depende de la respuesta