Horas pasaron desde la llegada al hospital; la tensión en la sala de espera era casi palpable. La familia Giordano había llegado y se había unido a Matteo; todos estaban ansiosos, intercambiando miradas preocupadas y murmullos de consuelo.
Finalmente, la puerta se abre y una doctora se acerca, su rostro serio provocando un escalofrío colectivo en la sala. Ella mira a Matteo, quien se levanta rápidamente, con el corazón acelerado, ansiando noticias de su amor.
— ¿Cómo está mi esposa? ¿Y el bebé?