¡Tac! ¡Tac! ¡Tac!
Era Gerard quien llamaba. Stacy estaba en la cocina cuando oyó el ruido. Pero no respondió.
No fue al pasillo. Se quedó en la encimera con su té. Completamente imperturbable, como si ya supiera quién era.
Empujó la puerta y entró en silencio. Parecía cansado de una manera que ella nunca había visto. No era el cansancio fingido de un hombre que atraviesa una crisis. Era algo más profundo. El tipo de cansancio que surge al ver cómo un ser querido se aleja cada día más.
Ella cono